Existe una Amazonia que antecede cualquier viaje. Se construye de a poco, con imágenes de documentales, titulares sobre deforestación, fotografías de atardeceres sobre el Río Negro, relatos de expedicionarios del siglo XIX, series de Netflix, posts en Instagram con filtro de neblina matinal. Esa Amazonia ya tiene forma antes de que uno embarque. Y es exactamente ella la que, con frecuencia, impide ver la otra.