Hay un cambio que suele pasar desapercibido cuando se habla de viajar después de los 50 años. Casi siempre la conversación gira en torno al confort, la accesibilidad o el ritmo, como si la madurez modificara únicamente las condiciones del viaje. Pero lo que realmente cambia es otra cosa: el criterio. Viajar bien después de los 50 no significa buscar menos aventura, significa hacer menos concesiones.