REWILDING
- 21 feb
- 4 Min. de lectura
Sabes qué es y por qué es tan importante?

Hay conceptos que cambian la manera en que mirás un paisaje. Rewilding es uno de ellos. Pero, sabés qué significa y por qué este concepto cambió la forma en que pensamos el turismo?
La primera vez que escuchás esta palabra, puede sonar demasiado técnica, cosa de biólogos o de informes de ONG. Es un término que no tiene una traducción perfecta al portugués, justamente porque lo que describe es difícil de resumir en una sola palabra. Pero cuanto más entendés lo que significa, más difícil se vuelve mirar un campo abierto, un bosque en recuperación o un río que volvió a ser habitado sin pensar en el proceso que está ocurriendo ahí, en silencio, a veces de manera invisible y profundamente real.
El rewilding es el arte de devolverle a lo natural lo que lo humano, por descuido o por ambición, fue quitando de a poco.
Es la suma de ciencia, planificación y una apuesta sincera por la capacidad de recuperación de la vida. Percibimos la recuperación de lo salvaje cuando le damos espacio y tiempo para existir. En esencia, es la restauración de procesos naturales a escala. No se trata de “jardinar la naturaleza” ni de crear reservas estáticas donde todo deba permanecer exactamente como está. Se trata de devolverle al ecosistema su capacidad de autorregularse, reintroduciendo especies que se extinguieron localmente, removiendo barreras artificiales, permitiendo que la tierra respire y se reorganice según su propia lógica.
Una idea simple con consecuencias profundas
El concepto ganó atención global con casos emblemáticos.
En Yellowstone, la reintroducción de lobos en los años 90 desencadenó una secuencia de transformaciones que nadie había previsto en su totalidad. Los alces cambiaron su comportamiento, la vegetación se recuperó en las orillas de los ríos, los cursos de agua redujeron la erosión y volvieron a modificar su trazado. Un animal. Un ecosistema entero reconfigurado. En Escocia, proyectos de restauración forestal están devolviéndoles a los paisajes lo que siglos de uso intensivo les quitaron.
Pero quizá ningún ejemplo sea tan contundente como lo que ocurrió en la Patagonia. Desde los años 90, Douglas y Kristine Tompkins adquirieron enormes extensiones de tierra degradada en Chile y en la Argentina y las transformaron en áreas de restauración ecológica a gran escala. Tompkins Conservation donó más de 800 mil hectáreas a los Estados chileno y argentino, lo que impulsó la protección permanente de casi 6 millones de hectáreas y la creación de 13 nuevos parques nacionales, entre ellos Parque Patagonia y Parque Pumalín, hoy patrimonio de la humanidad.
En ese proceso, se retiraron alambrados y cercos a lo largo de cientos de kilómetros, los rebaños dieron lugar a guanacos, pumas, cóndores andinos y huemules, y el rewilding dejó de ser teoría para convertirse en un paisaje visible. Las fundaciones Rewilding Chile y Rewilding Argentina continúan ese trabajo hasta hoy, operando también en los Esteros del Iberá, en Corrientes, y en el Chaco, donde especies como el yaguareté, el oso hormiguero gigante y el tapir volvieron a habitar territorios de los que habían desaparecido hacía generaciones.
Por qué esto importa para quienes viajan?
Porque el turismo, como cualquier actividad humana, puede ser parte del problema o parte de la solución. Durante décadas, el modelo dominante de viaje trató los destinos naturales como escenarios, paisajes lindos para ser fotografiados y dejados atrás sin mayores consecuencias. El bioma existía para servir a la experiencia y el turismo masivo destruyó ecosistemas enteros.
El ecoturismo regenerativo invierte esa lógica. Elige con cuidado, permanece más tiempo, aporta recursos a quienes realmente cuidan el territorio y puede ser uno de los principales financiadores de la restauración. Es un modelo en el que el viaje está estructuralmente conectado con la recuperación del destino, donde:
parte de lo que pagás financia proyectos de conservación y rewilding
los guías son especialistas que entienden el bioma y transmiten ese conocimiento
la experiencia no empieza ni termina en la foto, sino que incluye comprender el contexto del territorio: qué se perdió, qué se está recuperando y cuál es el rol de cada persona en ese proceso
Qué cambia cuando entendés el rewilding?
Dejás de ver la naturaleza como un escenario y empezás a verla como un sistema vivo, con historia, con heridas, con capacidad de sanar. Un campo aparentemente vacío deja de ser vacío y pasa a ser una etapa de sucesión ecológica. Un ave avistada en una región donde no existía desde hace décadas deja de ser un dato curioso y pasa a ser evidencia de un proceso que llevó décadas de trabajo y dedicación.
Y eso transforma el viaje. La contemplación suma otra capa, la conversación con el guía gana profundidad, el silencio del campo empieza a llevar información.
Cómo elegir viajes alineados con estos principios?
No existe una fórmula, pero sí hay una pregunta que ayuda a filtrar mucho: qué deja de positivo esta operadora o este destino en los ecosistemas que utiliza?
No lo que promete dejar. Lo que deja, de manera concreta, con evidencias, con trayectoria, con vínculos de largo plazo con las comunidades locales.
El rewilding no combina con turismo de paso.
Combina con presencia, con tiempo, con la disposición de conocer un lugar en profundidad en vez de acumular destinos en un itinerario apurado.
Hay algo profundamente coherente en esto. Una filosofía de viaje que va más despacio, que se queda más, que observa antes de concluir, está naturalmente más alineada con los principios de restauración que cualquier otra.
El rewilding nos recuerda que el mundo natural tiene una capacidad sorprendente de recuperarse, pero necesita tiempo, respeto y que tomemos decisiones distintas a las de antes. Viajar con conciencia es una de esas decisiones.
Lia Barros
Fotógrafa de naturaleza y vida salvaje
Fundadora y CEO del Grupo Slow & Steady Travel


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